Martes, 24 de Agosto de 2010 23:25

Cuando los sionistas gritaron '¡Heil Hitler!'

por  Ramón Pedregal Casanova y otros*
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Reseña de Sionismo y fascismo. El sionismo
en la época de los dictadores de Lenni Brenner.

“Sionismo y fascismo. El sionismo en la época de los dictadores”, de
Lenni Brenner es de los libros que se deben consultar y recomendar.

Tapa del Libro de Lenni Brenner.Más allá, todo hay que decirlo, de algunas discrepancias que se
presenten debido a la interpretación que de algunos acontecimientos
históricos hace el autor (sobre la política seguida por los comunistas y
socialdemócratas en Alemania en tiempos de Hitler, sobre la posición
de la Unión Soviética, sobre la participación de extranjeros en la guerra
en España…) lo cierto es que aplicándose a los documentos y datos
concretos sobre el sionismo, sus relaciones distantes con el judaísmo,
cuando no han sido enemigos, sus acuerdos con Inglaterra para hacerse
con Palestina, y sus acuerdos con el nazismo, en esos aspectos el libro
es toda una aportación al conocimiento de la realidad histórica y un
medio para comprender, tener criterio ajustado a la realidad presente en
Palestina.

El libro, por primera vez publicado en el Estado español, es un clásico
mundial; editado y vuelto a editar ha sido objeto de estudio en todas las
latitudes y ha recibido el bombardeo sionista como otros de importancia
similar, lea por ejemplo “La industria del Holocausto”, de Norman
Filkenstein, en Editorial Siglo XXI; “La resistencia interior. Historia de
la oposición judía al sionismo”, de Yakov M. Rabkin, en Editorial
Hiru; “La expulsión de los palestinos”, de Nur Masalha, en Editorial
Bósforo; “Israel-Palestina”, de Alain Gresh. Para ponerse al día en la
política que lleva a cabo el gobierno español con respecto al pueblo
palestino, con la firma de Zapatero, no deje pasar la oportunidad de leer
el artículo publicado en rebelion.org el día 17-06-2010 titulado: “Un
informe analiza con detalle los actores, las empresas, el comercio de
armas y las vinculaciones militares. España-Israel: Relaciones en
materia militar armamentista y de seguridad”. Si fuésemos al terreno de

la narrativa y la poesía creo imprescindible mencionar una novela
fundamental en la literatura europea: “La estética de la resistencia”, de
Peter Weis, en Editorial Hiru; también deberíamos tener a
mano “Palestina. El hilo de la memoria”, de Teresa Aranguren, en
Editorial Caballo de Troya; aquí debería estar un buen número de poetas
palestinos empezando por Mahmud Darwis, pero lo dejamos aquí para
volver a “Sionismo y fascismo. El sionismo en la época de los
dictadores; abre sus páginas con varios párrafos terribles escritos por los
sionistas sobre los judíos, las direcciones donde aparecieron y la
aclaración pertinente de que no fueron escritos por los nazis.
Seguidamente nos pone en la línea de las incompatibilidades entre judíos
y sionistas, aunque aprovechándose de la oscuridad producida por la
Segunda Guerra Mundial, los sionistas, judíos de ultraderecha, han
mezclado sionismo y judaísmo para sacar beneficio político de ello. Si
judaísmo y sionismo son visiones distintas, ¿con qué ideología y con
quién o quiénes es compatible el sionismo? Y aquí es donde Lenni
Brenner abre las grandes puertas, sin dejar al margen las
responsabilidades de los gobiernos europeos y estadounidense con
respecto a los judíos perseguidos por los nazis… y los sionistas.

El sionismo si con algo es compatible es con el nazismo. El libro no
toca la situación de Palestina y del pueblo palestino, no es su objeto
de estudio, el libro se centra en el conocimiento de la creación de las
fuerzas sionistas, su postulado político de dominio colonial dictatorial,
sus acuerdos comerciales y terroristas con Hitler, y su colaboración
con las fuerzas políticas, económicas y militares más reaccionarias que
encuentra en su camino para apropiarse de Palestina bajo un pretexto
bíblico que adoptan como justificación, a eso suman concepciones
racistas como la raza elegida por Dios, a los que Dios ha rebelado
su verdad y otras zarandajas de corte nazi que se atribuyen. Toda la
verborrea de nazis, fascistas y franquistas les sirve para presentarse bajo
la pátina de normalidad, y tiranizar con las armas al pueblo palestino
apropiándose de su tierra.

Si el antisemitismo era una constante entre los gobiernos capitalistas
que entraban en el siglo XX, el sionismo los apoyó con la idea de
obtener de ellos el respaldo suficiente para tomar Palestina, así, tras
la Primera Guerra Mundial hicieron acuerdos de colaboración contra
la naciente revolución soviética que, precisamente, no era antisemita;
lo cuenta Lenni Brenner: “El bolchevismo, una ideología opuesta
fundamentalmente al sionismo, había tomado el poder en Petersburgo
y estaba siendo enfrentado por la Guardia Blanca zarista y por fuerzas
ucranianas, polacas y bálticas financiadas por Gran Bretaña, Estados
Unidos, Francia y Japón. La contrarrevolución se componía de
muchos elementos que tenían una larga tradición de antisemitismo y
pogromos”. La Declaración de Balfour fue un apoyo a los sionistas para
su instalación en Palestina y los sionistas “entendieron que el gobierno
británico consideraba como su principal prioridad el aplastamiento de
los bolcheviques, lo cual obligaba a portarse adecuadamente en sus
actividades en el volátil escenario de Europa del Este”.

Bajo la consigna de “Sangre y suelo” guiaron su política y procuraron
carne judía para los gobiernos antisoviéticos que necesitaban culpables
de las crisis del capitalismo, y si combatían al movimiento obrero, a los
comunistas, los judíos formaron siempre parte del paquete. La sangre
estaba entregada a cambio de que les procurasen la colonización de
Palestina.

Los escritos de clásicos sionistas dicen que los judíos no son “ni nación,

ni pueblo, ni humanos” (Micah Yosef Berdichevsky); son “gitanos,
perros, sucios, inhumanos, perros heridos” (Yosef Chaim Brenner);
son “parásitos, gente básicamente inútil” (A.D. Gordon), entre su
verborrea incluían que los judíos se merecían lo que les pasaba porque
habían perdido su carácter como pueblo, se integraban con los demás,
no mantenían la limpieza de sangre ni la limpieza económica, por ahí
pasaba su antisemitismo. Los historiadores sionistas escribían, dice
Brenner, que los antisemitas no tenían la culpa, sino los judíos y su
desgracia de vivir en el exilio. Los sionistas discurseaban que vivir fuera
de Palestina era la causa principal del antisemitismo, y que recobrarla
era la única solución a la cuestión judía. Esa elaboración política
hacía de los sionistas una fuente de alimentación de los gobiernos
antisemitas y un apoyo incondicional de los nazis… tras su ocupación
del gobierno alemán, y antes también: “Hitler… el 6 de junio de 1920
declaró que Palestina era el lugar adecuado para los judíos y que sólo
allí podían esperar la consecución de sus derechos”. El discurso de los
sionistas no estaba lejos del de Hitler, fíjense en lo que escribía Jacob
Klatzin, sionista autor de la Enciclopedia Judaica: “Si no admitimos
la legitimidad del antisemitismo, negamos la legitimidad de nuestro
propio nacionalismo. …En lugar de establecer asociaciones de defensa
contra los antisemitas, que quieren reducir nuestros derechos, debemos
establecer asociaciones de defensa contra… los que desean defender
nuestros derechos”. De esta manera sostenían los sionistas que los judíos
fuera de Palestina se merecían lo que les pasase porque eran intrusos
en los demás Estados. Por eso las organizaciones judías de izquierda
comunista consideraban a los sionistas “un eco de la línea nazi”; Brenner
continúa diciendo que “la derrota del nazismo habría ocurrido si los
judíos se hubiesen unido a la clase obrera antinazi”, pero los sionistas
ensuciaban el agua entre los judíos y ayudando a Hitler, que organizó
mítines anticomunistas para advertir a los jóvenes judíos del peligro de
los “asimilacionistas rojos”.

Si los sionistas llegaron a acuerdos con los nazis, antes habían
mantenido las mejores relaciones con Mussolini y lo plasmaron en
escritos como este de Michael Ledeen: “…en el pasado pudieron surgir
incertidumbres acerca de la verdadera naturaleza del fascismo, pero
ahora comenzamos a entender su verdadera naturaleza… los verdaderos
judíos nunca han luchado contra ustedes”.

La respuesta entre las filas judías de izquierda cuajó en un boicot a la
Alemania nazi, y eso que podríamos pensar que parecía bien a los
gobiernos europeos y estadounidense, sin embargo hizo que mostrasen
los rasgos ocultos hasta entonces, se inquietaron y sus posiciones fueron
de lo más diversas para sustanciarse en contra del boicot de una manera
o de otra, curiosamente como los sionistas, que agitaban entre la
población judía de los diversos países la idea de que era mejor no
rebelarse, mientras, de acuerdo con los nazis, llevaban a Palestina a los
judíos sionistas adinerados y que consideraban útiles, jóvenes sionistas
con profesiones que denominaban constructivas, dejando para los hornos
crematorios al resto de la población judía, que les había de servir de
justificación histórica para la ocupación colonial de Palestina. La
colaboración con los nazis en todos los terrenos, incluido el espionaje, se
plasmó de diferentes formas, entre ellas se encuentra una medalla que
Goebbels mandó acuñar, en una cara figura la esvástica, en el otro la
estrella sionista; otro ejemplo hoy ocultado dice Brenner: “Un aspecto de
las leyes (Leyes de Nuremberg, septiembre de 1935, legislación
antijudía previa a la Segunda Guerra Mundial) fue el hecho de que
…sólo se permitieron dos banderas en el Tercer Reich, la de la esvástica
y la azul y blanca sionista”; otro ejemplo es el permiso de la Gestapo en
1935 para que las organizaciones sionistas “utilicen uniformes de
puertas adentro porque … su actividad sincera … se cruza con la

intención del gobierno del Reich de sacar de Alemania a los judíos.

Las declaraciones programáticas de los sionistas en torno al
establecimiento del Estado sionista son numerosísimas, Polkes, dirigente
sionista que negocia con las SS el 10 de octubre de 1937, les declara: “El
Estado sionista se debe establecer por todos los medios y tan pronto
como sea posible”. En 1923, Jabotinsky, dirigente sionista, escribió su
tesis sobre la ocupación de Palestina “El muro de hierro (nosotros y los
árabes)” donde decía: “La colaboración se debe terminar o implementar
contra los deseos de la población nativa. Esta colonización puede, por
tanto, continuar y desarrollarse sólo bajo la protección de una fuerza
independiente de la población local, un muro de hierro que la población
nativa no pueda romper. Ésta es, al completo, nuestra política hacia
los árabes. Una reconciliación voluntaria con los árabes está fuera de
cuestión ahora o en el futuro cercano”.

Hubo sionistas que esperaban algún acuerdo de paz apoyándose en
los ocupantes británicos de Palestina, y Jabotinsky les contestó: “Si
quieres colonizar una tierra en la que ha hay un pueblo que la habita,
debes procurar una guarnición militar para esa tierra, o encontrar
algún 'hombre rico' o benefactor que provea esa guarnición de tu parte.
De lo contrario hay que cejar en el empeño, porque sin una fuerza
armada que convierta en físicamente imposible cualquier intento
de destruir o evitar esta colonización, la colonización es imposible,
no 'difícil' ni 'peligrosa', sino ¡IMPOSIBLE! El sionismo es una aventura
colonizadora y en consecuencia se mantiene o cae por la cuestión de la
fuerza armada”.

Robert Geesler, otro sionista, escribe un artículo en el que termina

diciendo: “Queremos un imperio judío. Igual que el italiano o el francés
en el Mediterráneo, queremos un imperio judío”.

En el Congreso de 1935 que celebraron los sionistas en Lucerna las
diferencias entre más moderados y radicales en torno a los acuerdos con
los nazis y la transferencia de sionistas seleccionados a Palestina y la
utilización de cemento alemán llevaron a los miembros del Partido del
Estado Judío a gritar “¡Heil Hitler!” para cerrar filas.

En la documentación del Congreso sionista de 1937, se encuentra la
declaración de Weizmann donde dice que quiere enviar a Palestina
dos millones de jóvenes: “Los viejos pasarán; afrontaran su destino,
o no. Ellos son polvo, polvo económico y moral en un mundo cruel.
Dos millones, quizá menos, solo una parte sobrevivirá…”. En esa
línea el 7 de diciembre de 1938, Ben Gurion, dirigente sionista
laborista, declara: “Si yo supiera que es posible salvar a todos los
niños de Alemania llevándolos a Inglaterra, y sólo a la mitad de ellos
trasladándolos a Eretz Ysrael, optaría por la segunda alternativa”. El 17
de diciembre de 1938 se dirige al ejecutivo sionista: “Si los judíos tienen
que elegir entre los refugiados, salvando a los judíos de los campos
de concentración, o colaborar con un museo nacional en Palestina, la
compasión se impondrá y toda la energía del pueblo será canalizada
para rescatar a los judíos de diversos países. El sionismo será eliminado
de la agenda, no sólo de la opinión pública mundial, en Gran Bretaña
y los Estados Unidos, sino en la opinión pública judía de todas partes.
Si permitimos una separación entre el problema de los refugiados y el
problema palestino, estamos arriesgando la existencia del sionismo”.

Lenni Brenner.En el libro, Brenner dedica un capítulo a la guerra en España, en él se dan cifras de nazis alemanes y fascistas italianos que se comparan con el número de internacionalistas, entre ellos judíos, que se pusieron de parte de la democracia republicana española; he de señalar que no son correctas esas cifras: hubo muchos más alemanes e italianos que brigadistas, de los que, por otro lado la cifra que se da es un poco elevada. A eso hay que añadir que los nazis alemanes y los fascistas
italianos eran relevados cada pocos meses por tropas de refresco,
mientras que los brigadistas no tuvieron relevo alguno ni se cubrieron
sus bajas. Más aún, los brigadistas salieron de España antes de terminar
la guerra, mientras que los nazi-fascistas permanecieron hasta después
de la guerra.

Brenner señala la participación en las Brigadas Internacionales de 22
sionistas del sector laborista, y poco más adelante recoge un dato de la
Enciclopedia del sionismo e Israel donde se dice que hubo “unos 400
comunistas”, miembros del Partido Comunista de Palestina, e indica
que los sionistas participantes fueron a título individual desobedeciendo
al movimiento sionista. Luego la participación al lado de la República
vino de parte de comunistas palestinos y algunos sionistas que se
desengancharon de su inicial organización colonial, pues como señala
Brenner con las referencias al libro “Judíos y árabes en Palestina”, de
julio de 1936: la ambición de los sionistas laboristas … era conquistar
Palestina y dominar económicamente Oriente Medio”, y no sólo eso sino
que su colaboración con los nazis les llevó en 1937, mediante una de sus
organizaciones, a ofrecerse como espías para las SS.

Ya se ha dicho que la colaboración con los nazis se extendió a los
campos más diversos, hubo inversiones en la Alemania nazi, hicieron de
agencia comercial en el mundo de los productos alemanes para que se

vendiesen saltándose el boicot internacional, participación en la Gestapo,
colaboración política dentro y fuera de Alemania con los nazis,
integración en el servicio de espionaje nazi, y todo esto dio como fruto
en 1941 un documento hallado en la embajada alemana en Ankara
(Turquía) titulado “Propuesta de la Organización Militar Nacional
(NMO) relativa a la solución de la cuestión judía en Europa y la
participación de la NMO en la guerra del lado de Alemania”, en el los
sionistas hablan de los “intereses comunes” con los nazis y
sus “aspiraciones”, de la “cooperación” entre las dos partes y
del “establecimiento del estado judío histórico sobre una base nacional y
totalitaria, y ligado mediante un tratado al Reich alemán… la NMO está
estrechamente relacionada con los movimientos totalitarios de Europa en
su ideología y estructura”.

Aprobado el Estado de Israel en Palestina en 1948 por las Naciones
Unidas, las potencias occidentales Inglaterra, Francia y EEUU cuidaban
así del capitalismo y sus intereses en Oriente Medio; Beguin puso de
Ministro de Asuntos Exteriores a Shamir, reconocido asesino de Lord
Moyne, ministro residente británico para Oriente, el 6 de noviembre de
1944, y el del conde Folke Bernadotte, mediador de las Naciones Unidas
para Palestina, el 17 de septiembre de 1948”; Beguin homenajeó a la
banda terrorista sionista Stern, eje central de NMO, con la emisión de
sellos postales con el retrato de Shamir. “No hay mejor prueba de que
la herencia de la colusión sionista con fascistas y nazis, y la filosofía
subyacente, atraviesan el Israel contemporáneo”, declara Brenner, que
finaliza con estas palabras: “Los sionistas nos recordarán la masacre
de judíos perpetrada por Hitler, esperando que la simpatía hacia sus
víctimas se transfiera a su Estado sionista. Y nos darán lecciones
de “islamofascismo” desde el mufti (religioso palestino de Jerusalén
que ante las provocaciones sionistas en el Muro intentó sublevar a los
creyentes contra los sionistas) hasta el Irán actual”.

Para terminar recojo aquí la carta que Einstein, Hannah Arendt, Sidney
Hook y otros hicieron llegar al New York Times en diciembre de
1948 denunciando a Beguin, Primer Ministro del sionista Estado de
Israel: “Entre los fenómenos políticos más perturbadores de nuestro
tiempo está la emergencia del Partido de la Libertad (Tunat HaHerut)
en el reciente Estado de Israel, un partido político muy similar en su
organización, métodos, filosofía política y mensaje social a los partidos
nazi y fascista … Han predicado una mezcla de ultranacionalismo,
misticismo religioso y superioridad racial … Han propuesto sindicatos
corporativos según el modelo de la Italia fascista … A la luz de las
consideraciones anteriores, es imperativo que se conozca en este país
la verdad sobre Beguin y su movimiento. Es de lo más trágico que la
cúpula del sionismo estadounidense haya rechazado hacer campaña en
contra de los intentos de Beguin”.

Los resultados del sionazismo en Palestina-Gaza están presentes, son
bien conocidos, duran ya 62 años, el pueblo palestino sigue resistiendo
al colonialismo sionazista apoyado por las potencias capitalistas como
modo de garantizar los intereses de sus multinacionales en el Medio
Oriente. Los palestinos piden nuestra colaboración en el boicot a los
productos sionistas, que en España se comercializan con el código de
barras 729. Hay prevista una flota de barcos de ayuda a Gaza, consulte la
página de Cultura y Paz, www.culturaypaz.org .

Ficha del Libro

Material complementario y citas

1. Entrevista con Lenni Brenner, subtitulada en castellano, sobre
los vínculos del sionismo con el nazismo alemán y el fascismo
italiano

2. Medalla citada por Brenner en la entrevista y conmemorativa
del viaje a Palestina del dirigente nazi von Mildenstein, invitado allí
por los sionistas

3. Algunas citas embarazosas recogidas por Brenner en su libro

Sinopsis


«¿Cómo es posible que las víctimas del Holocausto se comporten con
los palestinos de esta forma?» Esta pregunta, que mete el dedo en
una llaga que genera perplejidad e indignación crecientes a escala
global, descansa en una falacia ampliamente difundida y aceptada,
que consiste en agrupar en una misma categoría («los judíos») a las
víctimas de los nazis (los judíos) y a los verdugos de los palestinos
(los sionistasi). El presente trabajo de Lenni Brenner tiene la virtud,
entre otras muchas, de disolver esa dramática y extendida confusión
de identidades, de la que tanto partido han sacado –y continúan
sacando– las sucesivas administraciones israelíes.


En la Europa de entreguerras y pese al acecho del antisemitismoi, el
sionismoi era un movimiento político con poco peso entre los judíos,
la mayoría de los cuales se consideraban –y eran– ciudadanos
de sus respectivos países y no albergaban deseos de emigrar a
Palestina. Fueron precisamente estos judíos ajenos al sionismoi
los que resultaron masacrados por millones en los campos nazis
de exterminio; y fue la minoría sionistai la que, guiada por sus
convicciones etnonacionales, importó su visión racialista a Palestina
para construir la comunidad chovinista y beligerante que sentó las
bases pre-estatales de Israel y con la que se iban a encontrar, tiempo
después, los primeros supervivientes de la Shoá que arribaron a
las costas del inminente Estado israelí, esa entidad transfronteriza
(para los judíos) y omnifronteriza (para los palestinos) en la que
el sionismoi es el propio Estado y su negación, por tanto, anatema
nacional.


Apoyado en una abrumadora exposición documental, Brenner
analiza las principales líneas de pensamiento y actuación sionistasi
en la Europa de las primeras décadas del pasado siglo. Una montaña
de evidencias textuales nos descubre las profundas afinidades
ideológicas entre el movimiento nazi y el movimiento sionistai
de entreguerras, que no sólo renunció a combatir al nazismo en
auge, sino que pactó con él para vaciar Europa de judíos, objetivo
abiertamente compartido por ambos movimientos antes de que
los nazis se decantaran por la «solución final». Obviamente, los
sionistasi no deseaban el exterminio de los judíos, «tan sólo»
su éxodo a Palestina, donde esperaban construir un Estado
étnicamente «puro» para su comunidad. Cuando vieron que su
pacto con el diablo conducía a los hornos crematorios ya era
demasiado tarde.

En su afán por proclamar el reino del «superhombre» hebreo en
Palestina, numerosos judíos sionistasi participaban de una visión
aterradora de los judíos de la diáspora, a los que no consideraban
dignos de las sociedades en las que vivían. Este «cereal para los
molinos de la propaganda nazi» se resume bien en las siguientes
palabras de Chaim Weizmann, uno de los tres grandes del panteón
sionistai, junto a Ben Gurion y Herzl: «Cada país puede absorber
solamente un número limitado de judíos, si no quiere desórdenes en
su estómago. Alemania tiene ahora demasiados judíos».

Tras la lectura de este libro, conviene subrayar que los fundamentos
del Estado hebreo, que hoy perviven llevados al paroxismo de
la indecencia, no se deben a los refugiados del Holocausto, sino
a los ideólogos sionistasi que los precedieron y que impusieron
en Palestina un proyecto político deudor, en gran medida, de la
misma filosofía xenófoba y antisemita en la que se incubó el huevo
de la serpiente nazi. Antes de rendirnos a una visión superficial
y preguntarnos, entonces, por qué las víctimas se convirtieron en
verdugos, echemos un vistazo al tablero devastado de la historia,
que determina con precisión sobre qué ruinas yacen las unas y se
levantan los otros.

Índice

A modo de introducción: Contradicción, colusión y controversia
Prefacio
1. Sionismoi y antisemitismoi antes del Holocausto
2. Blut und Boden (‘Sangre’ y ‘Suelo’): las raíces del racismo sionistai
3. El sionismoi alemán y el colapso de la República de Weimar
4. El sionismoi y el fascismoi italiano, 1922-1933
5. El sionismoi alemán se ofrece a colaborar con el nazismo
6. El boicot judío antinazi y el acuerdo comercial nazi-sionistai
7. Hitler considera el sionismoi
8. Palestina: árabes, sionistasi, británicos y nazis
9. El Congreso Judío Mundial
10. Revisionismo sionistai y fascismoi italiano
11. Revisionismo y nazismo
12. Georg Kareski, el Quisling sionistai de Hitler anterior a Quisling

13. Eligiendo al pueblo elegido: la doctrina de la «crueldad sionistai»
14. La Organización Sionistai Mundial (WZO) y el fascismoi italiano, 1933-1937
15. Austria y los «amigos gentiles del sionismoi»
16. Los partidos judíos de Europa oriental
17. España: los nazis combaten, los sionistasi no
18. El fracaso del sionismoi en combatir al nazismo en las democracias liberales
19. El sionismoi y la esfera japonesa de prosperidad compartida en el este asiático
20.
Polonia, 1918-1939
21. El sionismoi en la Polonia del Holocausto
22. La complicidad sionistai con el gobierno polaco en el exilio
23. Inmigración ilegal
24. El fracaso del rescate durante la guerra
25. Hungría: el crimen dentro del crimen
26. La Banda Stern
Epílogo
Apéndice I - La Banda Stern. Rasgos fundamentales de la «Propuesta de la Organización
Militar Nacional en Palestina (Irgun Zvai Leumi) relativa a la solución de la cuestión judía
en Europa y la participación de la NMO en la guerra del lado de Alemania». (1941)
Bibliografía
Siglas
Glosario de organizaciones sionistasi y judías

ANOTACIONES

La lista de empresas que colaboran con Israel y las marcas que
venden en España puede leerla en www.rebelion.org en el artículo
del día 06-06-2010 titulado Productos israelíes comercializados en el
Estado español”.

El libro de Brenner, con las discrepancias que puede levantar,
aporta una documentación y un análisis del sionismo que sirve de
aclaración a cualquier lector.

Título: Sionismo y fascismo. El sionismo en la época de los
dictadores.

Autor: Lenni Brenner.

Traductor: Luis César Bou.

Editorial: Bósforo Libros (WWW.bosforolibros.com)
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*Ramón Pedregal Casanova es autor de “Siete Novelas
de la Memoria Histórica. Posfacios”, editado por
Fundación Domingo Malagón y Asociación Foro por
la Memoria ( Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla )
(www.foroporlamemoria.org)

Fuente de la nota: Rebelión y Agencias-Redacción TC

 
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