de verano. Sus miembros se van de vacaciones: en los últimos días de
la sesión que acaba han hecho un gran número de horas extras para
presentar diversas proposiciones, cuyo denominador común es salvar al
estado de sus enemigos internos.
Solo vamos a recordar algunas de ellas: proposición de declarar ilegal
al Movimiento islamista; de organizar un referéndum para decir si el
gobierno puede o no aceptar un acuerdo de paz que incluya la retirada
de Jerusalén-Este o de los altos del Golán; de condicionar la concesión
de la ciudadanía a la lealtad al estado como estado judío; de criminalizar
a los ciudadanos que apoyan las sanciones y/o un boicot a Israel,
particularmente un boicot a los productos de las colonias. A éstas y a
todas las demás, debemos añadir la vieja proposición que prohíbe toda
conmemoración pública de la Naqba.
El rostro de la Knesset es como el de su más reciente legislación:
fascista, con una oposición minúscula y lamentable. No es sorprendente,
a partir de ahí, que la Knesset tenga dificultades para aceptar en su seno
a personas como Hanin Zoabi, sobre todo porque no es posible excluirla,
¿por ahora? En esta óptica, la Knesset le ha retirado algunos de sus
derechos como personalidad pública elegida. Mi corazón está con Hanin
Zoabi, Jamal Zahalkha, Dov Hanin, y el puñado de personas sanas que
quedan en la legislatura, obligadas a codearse con un centenar de brutos
groseros y débiles de espíritu que les demuestran una violencia verbal
que, tarde o temprano, va a transformarse en una verdadera agresión.
Se trata de una legislatura que hemos heredado directamente de la
sangrienta agresión contra los habitantes de Gaza en el invierno 2008/
2009. El amplio apoyo, casi unánime, a los crímenes de guerra de
Olmert, Barak y Ashkenazy dio nacimiento a una Knesset fascista en la
que Benjamin Netanyahu parece un hombre de estado moderado y Tzipi
Livni una izquierdista radical.
En consecuencia, el estado de Israel hace la experiencia en este
momento de un aislamiento internacional sin precedentes, e incluso “la
atmósfera amistosa” que se supone caracterizar el último encuentro entre
Netanyahu y el presidente Obama no puede disimular el sentimiento de
incomodidad de la Casa Blanca ante las acciones israelíes. La violencia
asesina utilizada por el ejército contra la Flotilla de la Libertad ha
chocado al mundo entero, no solo porque hubo numerosos muertos y
heridos, sino sobre todo debido al mensaje que Israel quería transmitir
al mundo: hacemos lo que queremos, sin consideración alguna por
el derecho internacional, nuestra imagen y las implicaciones para la
comunidad internacional, particularmente nuestros aliados estratégicos
como Turquía. “Hemos mostrado al mundo que estamos dispuestos a
volvernos locos”, fanfarroneaba Tzipi Livni tras la masacre en Gaza,
lo que prueba que hay una herencia de Golda Meir cuando decía: “Lo
que importa, no es lo que dicen los goys, sino lo que hacen los judíos”.
Meir tenía también la costumbre de fanfarronear, con diferentes
consecuencias, como la derrota de Israel en la guerra del “Yom Kippur”
en 1973. No hay ninguna duda, otro “Yom Kippur” espera a Israel,
bastante más amargo que el precedente. No es sino una cuestión de
tiempo, y esta vez, vendrá indudablemente del norte.
Es una bajada enloquecida hacia el abismo, cuyo fin no se conoce.
Los griegos tenían la costumbre de decir que, antes de destruir a sus
enemigos, los dioses debían volverles locos. Todas las leyes propuestas
en el último período por la Knesset y el monstruo legislativo que las ha
aprobado, expresan esta locura que precede a la caída.
* Miembro de AIC (The Alternative Information Center): http://
www.alternativenews.org/
Protection Peuple Palestine. Traducción de Alberto Nadal para Viento Sur.
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