Nadie vio supuesta “represión” de Gadafi, ni una foto publicada. Nadie asegura haber visto los ciudadanos asesinados. Empezaron los bombardeos. Al final, de todos es sabido, asesinaron al presidente de Libia, Muamar Al-Gadafi.
¿Cómo quedó el pueblo, los civiles que aseguraron “defender”? Una nota de la Agencia Francesa de Prensa nos lo detalla: “Sirte, ciudad fantasma repleta de cadáveres, intentaba iniciar una nueva etapa. “Ya hemos evacuado tantos (cadáveres), no sé cuántos… Centenares, millares…” asegura Saduq Al Banani, “limpiador” de la ONG libia Tabiya, con una mascarilla en la cara.
No hay un solo inmueble de Sirte que no esté acribillado, y en la calle se acumulan los cartuchos. Ninguna ventana quedó intacta. No queda rastro de los miles de habitantes de la ciudad, recorrida a menudo por un olor putrefacto de cadáveres.
Ante este panorama, Jibril consideró que la reconstrucción de Libia no iba a ser una “tarea fácil”, “Es la +Misión Imposible+” de Tom Cruise”, dijo, aludiendo a la célebre película norteamericana.”
Ni una coma más ni un punto menos. Estos párrafos pasan desapercibidos para los ciudadanos, que solo reciben la receta diaria occidental, son los que desenmascaran a los hipócritas líderes occidentales.
Ni siquiera fotografía hace falta para conocer el estado en que quedó el resto del país tras los bombardeos de la OTAN, con la autorización de las Naciones Unidas y el beneplácito de los Estados Unidos.
Libia retrocedió en sus aspiraciones de un pueblo democrático centenares de años, bueno, no retrocedió la hicieron retroceder.
Esto es lo que sucede cuando occidente habla de paz y democracia, es lo que amenaza a Siria y a Irán, a Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba, Nicaragua… a todo país que proclame caminar por un camino que no sean los “valores occidentales”.
En estos años hemos asistido a la barbarie ejecutada por las “potencias occidentales” en Irak, Afganistán, Cuba, entre otros. Latinoamérica no desconoce esta bestialidad, los Estados Unidos apoyaron a las dictaduras, de las que hasta hace poco empezamos a conocer los sucesos que ocultaron al mundo. Miles de estudiantes, campesinos, obreros, líderes sindicales, sacerdotes, intelectuales, fueron asesinados, otros miles desaparecidos.
No, en Latinoamérica no hemos olvidado, y ojalá los árabes no olvidaran y adquirieran la conciencia revolucionaria sobre sus propias raíces.
Ojalá también no olvidaran los ciudadanos del mundo y se aprestaran para evitar otro ataque similar. Ojalá los gobiernos del mundo presionaran en las Naciones Unidas por un cambio de esta organización, en el que se distribuya más poder a las mayorías y no solo a cinco países que vetan y hacen lo que quieren.
Hoy más que nunca la humanidad está en peligro. Hay que estar atentos.
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