Domingo, 14 de Noviembre de 2010 03:36

La ONU sugiere que comamos insectos

por  Javier Yánez*
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La FAO impulsa un programa para extender la producción
industrial de insectos como nueva fuente de alimento

Su contenido en proteínas es comparable al de la carne y su cantidad
de fibra es aún mayor. Son ricos en ácidos grasos poliinsaturados de
cadena corta, hierro, calcio, vitaminas del grupo B y minerales. Su
composición de aminoácidos es incluso mejor que la de cereales y
legumbres.

Los gusanos de la harina no son tales gusanos, sino las larvas del escarabajo molinero. (Foto: Peter Halasz).Con tales argumentos, los expertos de la Organización de
Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) se han
propuesto promocionar el último hallazgo en materia de nutrición. Y no
se trata de un escaso y caro producto exótico, sino de algo tan a mano
que a menudo simplemente se aparta de un manotazo: insectos.

Los chapulines (saltamontes) de México y los bichos fritos en los
puestos callejeros de Asia son viejos conocidos de los viajeros
occidentales. Pero en el mundo desarrollado, los insectos no pasan de
ser una extravagancia para paladares deseosos de nuevas experiencias.
En cambio, en África, Asia y Latinoamérica, más de 1.000 tipos de
insectos entran en la dieta de 2.500 millones de personas, según datos de
la FAO. Son accesibles y nutritivos, muchos se consideran un manjar,
y en algunos países mueven millones. Según el brazo de la ONU, cada
año se cosechan 9.500 millones de orugas de mariposa emperador en los
20.000 kilómetros cuadrados de bosques de mopane [un tipo de árbol]
del sur de África. Las orugas se comen secas, fritas, cocidas o ahumadas.
Del beneficio, estimado en 85 millones de dólares, el 40% se queda en
manos de los recolectores, sobre todo mujeres rurales sin recursos que
encuentran en estos insectos una fuente de ingresos y de proteínas.

Granjas de bichos

Extender este consumo al primer mundo no es un capricho. Infinidad
de expertos se desgañitan advirtiendo de que, antes de que muera el
siglo, el apetito carnívoro de una humanidad en expansión colapsará las
fuentes de alimentos. La ganadería hoy consume el 70% de la cosecha
agrícola y deja una cicatriz ambiental, el 18% del total de emisiones de
gases de efecto invernadero.
Según Paul Vantomme, responsable del Programa de Insectos
Comestibles del Departamento de Bosques de la FAO en Roma, "para
alimentar a 9.000 millones de personas no podemos ignorar la eficiencia
de los insectos como productores de proteínas". Mientras una vaca
requiere ocho gramos de comida para ganar uno de peso, los grillos,
gracias a su metabolismo de sangre fría, necesitan menos de dos gramos
para un engorde similar. Bastan 100 gramos de orugas para cubrir la
ingesta mínima diaria de proteínas, hierro y vitaminas B. Y sólo unas
pocas especies de insectos, como termitas y cucarachas, emiten metano
en cantidad apreciable.
Hasta hoy, la mayoría de los insectos comestibles se capturan en la
naturaleza. La ventaja de esta fuente, según la FAO, es que está libre
de insecticidas, pero para su consumo a gran escala pide un sistema de
granjas hoy sólo presente en Tailandia con más de 15.000 granjeros de
insectos, China con una pujante industria de arácnidos, Vietnam y Laos.
En este último país, la FAO colabora con la Universidad holandesa
de Wageningen en un proyecto de crianza sostenible. Arnold van
Huis, el entomólogo que dirige la iniciativa, no duda del futuro de la
entomofagia: "No nos han tomado en serio, pero hablaremos dentro de
cinco años".
El abismo a salvar es el salto a Occidente; según Vanto-mme, "el
mundo está dominado por la visión euroamericana de los insectos como
tabú". La solución está, a su juicio, en la "tecnología de procesamiento:
extracción de proteínas, vitaminas..., para reconstruir aditivos
alimentarios". En Holanda, la Asociación de Granjeros de Insectos
Bugs Organic Food produce saltamontes y gusanos de la harina. La
web de la compañía sostiene que los primeros "saben a gamba" y los
segundos "recuerdan a las palomitas".
Además de estas especies, entre las destinadas al consumo humano
se barajan grillos, avispas o larvas de picudo rojo, el azote del
palmeral de Elche. Otras, como las larvas de mosca, no adornarán una
ensalada "también hay insectos venenosos", advierte Vantomme, pero
servirán para alimentar al ganado al tiempo que eliminan la basura.
En 2013, la FAO auspiciará la primera conferencia global sobre
entomofagia. Los insectos van a estar hasta en la sopa. Y entonces no
nos quejaremos al camarero.

-*Fuente: www.publico.es/WebIslam

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