Cuando un paciente se somete a una intervención para eliminar las cataratas, se le retira el cristalino dañado mediante una incisión de tres milímetros, que no necesita sutura, y se sustitute por uno artificial. En lugar de desechar los frangmentos de cristalino extraidos, se almacenan en unos casetes o contenedores y se envían al laboratorio de la Universidad Complutense, donde se congelan a -80 grados, se mezclan con una solución que impide la pérdida de proteínas y se examinan para ver si contiene los péptidos característicos del alzhéimer. Para ello, el equipo de Sánchez-Ramos ha trabajado con los fragmentos de 30 pacientes de los hospitales de Getafe, Parla, el Reina Sofía y una institución privada, de los que se les ha diagnosticado la enfermedad a la mitad. Las cataratas afectan al 40% de las personas de entre 70 años y 75 años. En cambio, la prevalencia del alzhéimer es del 20 al 40 por ciento entre los mayores de 85 años. El descubrimiento acaba de ser pantentado y su coste no es muy elevado, aunque todavía no ha empezado a comercializarse. Esto no se producirá en un plazo menor a dos años, según explicó ayer la responsable del estudio y su implementación dependerá de la decisión de las comunidades autónomas, que tienen transferidas las competencias en materia de sanidad.
800.000 casos
Este método de detección permitiría descartar la enfermedad o iniciar un tratamiento precoz a las cerca de 300.000 personas que cada año pasan por el quirófano para recuperar la vista perdida por la degeneración de su cristalino.
El alzhéimer es una enfermedad neurodegenerativa que afecta a cerca de 800.000 personas en España, de los que 600.000 han sido diagnosticados. En este sentido, María Jesús Moraga, portavoz de la Asociación Nacional de Alzheimer señaló que el alzhéimer es «una verdadera catástrofe social, económica y sanitaria», cuyo coste estimado es de 30.000 euros por enfermo y año.










