Un mes de reflexión, donde el ayuno te hace ser humilde y valorar lo que tienes, donde te das cuenta de las necesidades que pasan muchas personas que no tienen nada, donde hay mas unión y respeto, también se estrechan los lazos familiares, pues es tradición encontrarse y reunirse en familia para romper el ayuno. Y es también un mes de alegría y celebración, de tranquilidad y paz espiritual.
Los musulmanes van a las mezquitas para, así unidos, hacer la oración, tan importante para acercarse a Dios, y donde todos juntos, sin importar su condición, elevan a lo más alto a su creador, y mantienen esa conexión con Él, tan personal e íntima, que es difícil de explicar. Una experiencia única e irrepetible en lo más profundo del ser.
El ayuno de Ramadán es en definitiva, mucho más que un precepto, es un acto de fe en el más amplio significado que ello conlleva. El Ramadán es un mes bendito para todos los musulmanes.
¡Que Dios acepte nuestro ayuno, perdone nuestros errores y faltas, y nos haga ser mejores personas!










