¿Quién es un verdadero mísitico o un ‘arif (gnóstico)?
Si de un modo resumido consideramos a la gnosis como un conocimiento testimonial, vivencial, presencial o intuitivo, directo y no intermediado por conceptos o imágenes mentales, es lógico que un ‘arif verdadero será aquel que haya alcanzado este tipo de conocimiento.

De modo que podemos decir en una frase que el ‘arif es quien conoce y ha encontrado a Dios con su espíritu y corazón. Los grados del ‘arif dependerán de la intensidad o debilidad con que posea esas vivencias y testimonios de su corazón sobre Dios.
Por ello, ser un místico verdadero o ‘arif no implica prácticas, ritos y costumbres especiales (distintas a la del resto de los miembros de la sociedad), porque la realidad de la gnosis no es otra cosa que este conocimiento directo del corazón, y como tal es algo no visible, espiritual, interno y no lo puede percibir más que el mismo místico o gnóstico. El resto puede mediante señales e indicios inferir o presagiar que tal persona acaso alcanzó tal grado o no. Por supuesto, hay una excepción para aquellos que tienen el poder de ver el interior de las personas y conocer sus estados, pero para la gente normal, las señales o indicios que pueda apreciar no le otorgan certeza y a lo sumo producen una conjetura (o sea un conocimiento mayor a la mera duda y menor a la certeza categórica.)
Por eso, el criterio para juzgar acerca de una persona si es o no un ‘arif o el grado y status espiritual que ha alcanzado, no depende de un nombre especial que se le asigne a esa persona, un rito o una convención, sino que lo importante es el grado de conocimiento directo e intuitivo que posee con respecto a Dios. No es criterio el ver si su nombre está o no reconocido como gnóstico, o si su nombre está inscripto en la historia de los gnósticos o la mística. Lo que es decisivo es si vio a Dios con los ojos del corazón o no. Es bueno señalar que las personas que verdaderamente alcanzaron la joya del conocimiento gnóstico no son gente que desee mostrarse o que persigan nombre, fama, títulos, sino que en la soledad de su espíritu se hunden en el gozo de la relación íntima con Su amado y huyen de las prisiones de los nombres, títulos o fama.
Entre los grandes hombres shias, tanto de los sabios como de los virtuosos, ha habido muchísimas personas que han alcanzado estados elevadísimos de intuición y visión espiritual de Dios, pero no poseían un nombre o cargo especial y la honestidad y confianza que inspiraron estos hombres ha sido muy superior a la de otros que han sido conocidos con títulos especiales. Personas como Seied Bahr al ‘Ulum1; Seied ibn Tauus; Ibn Fahd Hilli y tantos otros, han sido de los grandes sabios, juristas y narradores de hadices (tradiciones proféticas), todos ellos shias que alcanzaron estados gnósticos y espirituales muy elevados, pero en su tiempo, no fueron conocidos como gnósticos, sufís o cosas semejantes y ellos mismos no pretendieron ni hicieron ningún alarde o alusión a esos conocimientos y grados elevados que poseían. Ocurrió que algunos de los historiadores de la gnosis, debido a las bendiciones, develamientos, carismas (en árabe karamat, acciones semejantes a los milagros pero se suele reservar el término milagro para las acciones que avalan la condición de los profetas de Dios como tales y al resto de las acciones sobrenaturales se las denomina carismas), los inscribieron a algunos de ellos en la lista de los grandes mísiticos de la historia de la gnosis. De todas maneras, ellos en su tiempo no poseían eso títulos.
Otros grandes hombres shias como Muqaddas Ardebili, sheij Ansari, sheij Ya’far Kashifu al Gitá, que aunque no sean famosos por sus conocimientos espirituales y develamientos mísiticos podemos asegurar con certeza que debido a muchos indicios y pruebas, sus grados gnósticos eran muy superiores a los de muchos de aquellos que son mencionados como gnósticos o sufís.
Por lo tanto, el hecho de que una persona haga algo extraordinario o exprese algunos temas muy elevados en el terreno de la mísitica y la gnosis no es una prueba de que esa persona sea un gnóstico, que haya encontrado el camino interior (que conduce al encuentro con Dios), que se haya vinculado (a Dios) y que posea grados y estadios elevados de gnosis. Todo esto no es lo importante, sino como dijimos el grado de su conocimiento directo del corazón sobre Dios, asunto que es interno y el resto de las personas, salvo las excepciones señaladas, no lo ven.
Aquí lo que importa es el corazón no las palabras y conceptos, no el hablar sobre las cuestiones de la gnosis y exponer pensamientos gnósticos elevados. Hay una diferencia entre que la persona que expone esos conocimientos o que él mismo haya alcanzado esos conocimientos y meramente transmite palabras y conceptos escuchado de otros y de los profesores de gnosis. Ese ‘irfan teórico y el conocimiento testimonial, directo del corazón no poseen ninguna relación necesaria entre sí. No hay una implicancia entre poseer el conocimiento mísitico y conocer los conceptos del ‘irfan teórico o entre alguien que conozca los conceptos del ‘irfan teórico y el hecho de que haya alcanzado la visión de esas mismas realidades de las que habla. Por supuesto, puede ocurrir que alguien posea los dos tipos de conocimiento. Desde el punto de vista lógico, la relación entre ambos conocimientos es general y particular en un sentido.
Por lo tanto, que una persona emplee términos complejos de gnosis y realice análisis precisos en temas de gnosis no es señal de que posea muchos conocimientos del corazón, ni aquel que no posea el conocimiento de los conceptos del ‘irfan teórico no posea conocimientos místicos. Del mismo modo, si alguien posea carismas o realice cosas extraordinarias o inusuales no es prueba de que posea grados elevados de espiritualidad y de gnosis verdadera o que, por otra parte, el no poseer estas cualidades de carismas o acciones extraordinarias sea un real indicio de que esta persona no haya alcanzado grados elevados y de perfección del conocimiento directo del corazón sobre Dios.
1Seied Muhammad Mahdi, hijo de Seid Murteza Tabatabai Buruyerdi, de los nietos (descendientes) del Imam Hasan al Muytaba hijo de Ali ibn Abi Talib, la paz sea con ellos, nació en una familia de religiosos y piadosos, el año 1155 de la Heg. (calendario lunar islámico, siglo doce que corresponde al siglo dieciocho de la era cristiana) en la ciudad de Karbalá, la Elevada. La noche que él nació, el padre vio en sueños que el Imam Rida, la paz sea con él (el octavo Imam de la Descendencia Purificada del profeta Muhammad, la bendición y la paz sean con él), le ordenó a Muhammad ibn Ismail ibn Bazi’, que era de los servidores del Imam Al Kazim, el Imam Rida y el Imam Yauad (los Imames séptimo, octavo y noveno de la Casa Profética respectivamente, con todos ellos sea la paz), que encienda una vela y la coloque en la terraza de la casa del seid Murtiza. Cuando Muhammad ibn Ismail encendió esa vela se elevó de ella una luz hacia los cielos que no tenía fin. El padre se despierta tras ese sueño veraz y en ese momento le anuncian que nació su hijo. Seied Bahru al ‘Ulum fue al máxima expresión de la virtud y la piedad y un ejemplo acabado de la moral de los profetas. Alcanzó un agrado en la purificación del alma y la moral que comprenderlo es difícil para mucha gente. Seied Bahru al ‘Ulum dividió el tiempo para sus actividades. En los días que estuvo en la Noble ciudad de Nayaf, cuando caía la noche, preparaba sus estudios, investigaciones y clases y luego se dirigía a la mezquita de Kufa donde se pasaba adorando a Dios hasta la madrugada.
El seied le daba mucha importancia a los asuntos de adoración de sus alumnos y en caso de descuido o negligencia con respecto a estos actos de adoración de parte de ellos se ponía muy mal. En una ocasión abandonó el dictado de sus clases por varios días. Sus alumnos enviaron a una persona para que hable con él y averigüe la razón por la cual había abandonado sus clases. El Seied respondió que entre este grupo de alumnos no escuché nunca que en el medio de las noches se eleven sus voces para suplicar a Dios, a pesar de que yo durante la mayoría de las noches camino por las calles de Nayaf, por lo que este tipo de estudiantes no merecen que yo les dé clases. Sus alumnos al escuchar estas palabras del Seied, se conmovieron y comenzaron a adorar a Dios por las noches.
El apodo de Bahru al ‘Ulum se lo dio por primera vez el difunto Agaie Mirza Mahdi Isfahani Jorasani (1153-1218 h. correspondiente a los siglos XVIII y XIX). Ello ocurrió cuando el Seied quiso ir a visitar en el año 1116 de la hégira o emigración, al Imam Rida, la paz sea con él en Mashad y encontrarse con los grandes sabios de Irán en esa ciudad. Allí permaneció siete años y además de impartir clases y reunirse con los sabios, participó en las clases de Agaie Mirza Mahdi Isfahani jorasani. El Seied aprendió filosofía, teología y Doctrina Islámica junto a ese gran maestro. Su maestro que estaba impresionado por la vastedad de los conocimientos del Seied, un día en medio de una clase se dirigió a él y le dijo: hermano, tú eres un mar de conocimientos (Bahru al ‘Ulum) y desde entonces se lo conoció con este apodo.
El Seied Bahru al ‘Ulum se econtró muchas veces con el Imam Mahdi, la paz sea con él y que Dios apresure su venida. El Imam Mahdi, que nuestras almas se sacrifiquen por la tierra que él pisa, es el doceavo Imam o líder de la Comunidad Islámica que vendrá a llenar la tierra de justicia luego de que tras una larga ocultación, la tierra esté sumergida en injusticias y opresiones (como ya puede apreciarse hoy en día). Se conocen muchos sucesos sobre estos encuentros. Entre ellos mencionaremos el siguiente: Mirza Husein Lahiyi narra de sheij Zainul ‘Abidine Salmasi que era uno de los discípulos cercanos del Seied Bahru al ‘Ulum, que un día el Seied entró al haram (santuario) del Imam ‘Ali (el primer Imam y sucesor del profeta Muhammad, BPD) y murmuró este verso:
Qué bello es escuchar la voz del Corán de tu parte, oh quien atrapa los corazones/
Mirar a tu rostro y escuchar la palabra de Dios.
Le pregunté por qué leía esta poesía y me contestó que cuando entró al santuario del Imam ‘Ali, la paz sea con él, vi que el Imam al Mahdi, que Dios apresure su venida, estaba parado junto a la cabeza de la tumba del Imam y recitaba en voz alta unos versículos coránicos.